No es necesaria una Ley para reducir la jornada

Columna de Leonardo Daneri – Presidente de la Asociación de Concesionarios de Obras de Infraestructura Pública AG (Copsa)

En las últimas semanas una parte importante del debate político se ha centrado en la pertinencia de reducir la jornada laboral y aunque existen distintas visiones sobre si se debe aumentar la flexibilidad de la jornada, para ajustar los horarios a la realidad de cada empresa y trabajador, o si ésta debe ser simplemente reducida de manera unilateral y pareja, no hay dos voces en cuanto a lo deseable que resulta que los trabajadores puedan contar con mayor disponibilidad de tiempo para dedicar a sus familias a la realización de actividades complementarias o simplemente para dedicar al ocio o la diversión.

Ahora bien, siendo el Código del Trabajo una norma extensa y taxativa en muchas materias, lo que resulte de este debate deberá necesariamente traducirse en un proyecto de Ley y en su debate legislativo subsecuente. Visto esto, cabe preguntarse si el común objetivo de prodigarle a las personas mejores condiciones de vida es posible de ser abordado de forma alternativa o complementaria por otras vías.

Si tomamos la máxima aspiración de reducción de jornada planteada por el mundo político -cual es la reducción de 5 horas semanales- y asumiendo una jornada estándar de lunes a viernes, un ahorro de 30 minutos en los tiempos de desplazamiento del trabajador daría como resultado las mismas 5 horas de tiempo que ganaría con la citada reducción de jornada. Una mejor provisión de mobiliario urbano, de carreteras y calles, así como mecanismos de transporte más eficiente como más líneas de Metro y ciclovías pueden, sin duda, resultar en una ganancia de tiempo como el descrito, pero con una ventaja por sobre la modificación de la jornada: la inversión en infraestructura genera -y no contrae- actividad económica.

Si a esa mayor infraestructura se le agrega: una planificación territorial más inteligente, para propender a densificar las ciudades evitando su expansión indiscriminada; la provisión de mayores polos de servicio y equipamiento cercanos a los lugares habitados; una mayor infraestructura de telecomunicaciones, para permitir el reemplazo de tiempo de desplazamiento por herramientas de comunicación no presencial, entro otros, los resultados en términos de calidad de vida podrían superar con creces el que se alcance mediante la definición legal de la jornada de trabajo y alcanzar a muchas más personas ya que no su efecto no se limita a quiénes se desempeñan bajo las normas el código del trabajo sino que apuntan al conjunto de los habitantes de la ciudad.

La infraestructura es la causa y no la consecuencia del desarrollo, cuando pensemos en calidad de vida, pensemos en infraestructura de calidad. Este, creemos, es el más sustentable y relevante aporte que nuestra comunidad puede darse a sí misma.

 

Fuente: La Tercera