Tabla: en qué nivel quedaron los embalses en el país tras el paso del sistema frontal

La zona norte sigue con cifras deprimentes. El embalse El Yeso, la reserva de agua potable para Santiago, alcanza el 80% de su capacidad.

A una semana del desastre ocasionado por el último sistema frontal, quizás sea el momento, como dice el dicho optimista, de ver el vaso medio lleno. O, en este caso, el embalse medio lleno.

La tabla que acompaña estas líneas compara el porcentaje ocupado en los embalses en el país antes de la llegada del sistema frontal (19 de junio), con el estado en que quedaron después de las precipitaciones, y que corresponden a mediciones realizadas el 27 de junio.

Varios embalses aumentaron significativamente su volumen de agua, sobre todo en la zona centro sur. Por ejemplo, Rapel, en la región de O’Higgins, que se utiliza para la generación eléctrica, pasó de tener un 60% de su capacidad ocupada, al 90%. Y Colbún, en la región del Maule, que se destina para la generación eléctrica y el riego, creció del 49% al 98%.

Algunos embalses no tuvieron variación alguna. Es el caso de lo ubicados de Valparaíso al norte.

Inter e intranual

Roberto Pizarro, doctor en Hidrología y académico de la Universidad de Chile, dice que para dimensionar estas cifras, hay que explicar un par de cosas.

Primero, Chile es un país mediterráneo donde llueve en invierno, pero no en verano. Los embalses están pensados para regular esta diferencia, haciendo una oferta de agua cuando más se necesita. Y esta oferta puede ser anual, es decir, el embalse está pensando para cubrir esta oferta en un mismo año, y que corresponde a embalses pequeños; o puede ser interanual: el embalse puede satisfacer las necesidades durante tres o cuatro años.

Un ejemplo clásico de embalse interanual es Colbún. ‘El que Colbún se haya llenado significa que podrá suministrar agua por tres o cuatro años’, dice Pizarro. ‘Colbún es una generadora eléctrica, pero también se usa para el cultivo’.

‘Lo de la generación eléctrica es muy significativo’, agrega Sebastián Vicuña, académico de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Universidad Católica. ‘En estos momentos seguimos bajo decretos de racionamiento o de emergencia eléctrica por el bajo nivel de los embalses, y esto tendría que cambiar, teniendo en cuenta lo que pasó con Rapel, Colbún y Ralco’.

Embalse de altura

Sin embargo, hubo otros embalses que no aumentaron su volumen de agua, a pesar de que se encuentran en lugares por donde pasó el sistema frontal. Como la Laguna del Maule, por ejemplo. Esto se debe, explica Pizarro, a que se trata de un embalse de altura (a 2.680 metros sobre el nivel del mar) y, por lo tanto, cabe esperar que recibió precipitaciones en forma de nieve, no de agua. De ser así, cabría esperar un aumento en el nivel del agua para el deshielo. Lo mismo corre para el lago Laja (a 1.360 metros de altura).

Un caso aparte es el embalse El Yeso, en la región Metropolitana, que se mantuvo en un 80% de su capacidad. El profesor Vicuña dice que este embalse es estratégico. ‘Es la reserva de agua potable para Santiago’, dice. Y se mantiene en esos niveles, en caso de emergencia. ‘No se puede llenar hasta el borde porque se corre el riesgo de destruirse, así que tienen que descargar’.

La zona norte representa un problema mayor. Como explica Pizarro, no solo hay una sequía meteorológica, es decir, déficit de precipitaciones sólidas y líquidas, sino que hay además un problema muy grave en los acuíferos. ‘Los pozos están secos, y eso ocurre por un problema de sobreuso del recurso. Estamos usando el agua de modo irracional’, dice.

Falta nieve

Con los embalses importantes de la zona central llenos, ¿estamos listos este año con la sequía? No aún, dice Pizarro. Si no llueve más en el resto del año, este va a ser un año seco igual. Pero sobre todo, agrega, aún hace falta que caiga nieve para asegurar el flujo de agua en los ríos para la época del deshielo.

‘Dos metros de nieve en la zona centro sur es una cantidad suficiente, y en la zona central podrían bastar 1,5 metros. Pero hay un par de peros’, advierte. ‘Primero, no sirve cualquier nieve. Esa nieve agua es nada, al igual que esa nieve donde uno se hunde. Tiene que ser la nieve compacta. Y lo segundo, no sacamos nada con tener nieve si en septiembre hay 30 y tantos grados. Con ese nivel de deshielo, no nos va a quedar nada para el verano’.

A propósito, el último sistema frontal, aclara, tuvo la particularidad de que tuvo una isoterma cero muy alta, es decir, la nieve cayó a mucha altura en la cordillera, casi a los 3.000 metros. ‘Por eso algunos ríos se desbordaron, porque llovía con 15 grados, así que era pura agua y nada de nieve’, explica. ‘Para una acumulación importante de nieve necesitamos una isoterma cero desde los 1.200 metros, para que se acumule y almacene’.


Fuente: LUN